Centenario del fallecimiento de Joaquín Maya (1926)
El nombre de Joaquín Maya representa no sólo a un destacado músico pamplonés, sino también a una figura clave en la articulación de la vida musical de Pamplona que fue capaz de conectar formación, creación e instituciones en un momento de decisiva transformación cultural de la capital navarra. Por ello, en el año en que se cumple el centenario de su fallecimiento, el Archivo Real y General de Navarra (AGN) conmemora la figura de este compositor, maestro y promotor cultural pamplonés dedicando su microexposición mensual a exhibir algunos de los documentos que custodia relativos a su figura. Unos documentos que son testigo de las aportaciones de Maya a la vida cultural de Pamplona entre finales del siglo XIX y comienzos del XX y que corresponden a los distintos fondos que, custodiados en el AGN, integran el programa Archivo de la Música y las Artes Escénicas de Navarra (AMAEN).
Durante la segunda mitad del siglo XIX, Pamplona vivió, pese al impacto de las guerras carlistas y las tensiones políticas, un progresivo impulso de la educación y la actividad cultural que se evidenció en hechos como la proliferación de bandas de música, la apertura en 1841 del Teatro Principal, la consolidación de espacios de sociabilidad como el Café Suizo en 1845, la creación en 1858 de la Academia Municipal de Música, el surgimiento del Orfeón Pamplonés en 1865, así como la fundación de la Orquesta Santa Cecilia en 1879. Todo ello favoreció notoriamente el crecimiento de la actividad musical e impulsó además la consiguiente demanda de músicos con la suficiente formación y preparación.
A este efervescente panorama cultural pamplonés vendría a contribuir de forma decisiva Joaquín Maya Ecenarro. Nacido en Pamplona en 1838 y huérfano desde temprana edad, Maya inició su formación como infante en la capilla de la Catedral de Pamplona (inaugurando así una trayectoria estrechamente vinculada a las instituciones musicales de la ciudad), donde aprendió canto, solfeo y órgano, y donde entraría en contacto con Mariano García Zalba, maestro de capilla, con quien volvería a coincidir posteriormente en diversos espacios culturales a lo largo de su vida.
Tras la fundación en 1858 de la Academia Municipal de Música para atender a la creciente necesidad de formación y ampliar la oferta de enseñanza musical más allá de los ámbitos eclesiástico y privado, Maya entró a formar parte de su claustro como profesor de piano, solfeo y armonía. Desde esta posición docente desarrolló una intensa labor pedagógica, contribuyendo con ello a la capacitación de varias generaciones de músicos, en un momento clave para la profesionalización del sector musical en Navarra.
En 1865 fue designado director musical del recién creado Orfeón Pamplonés, cargo que desempeñaría hasta 1873. Sería ésta una etapa en la que el orfeón se afianzó institucionalmente en la vida cultural de la ciudad y donde volvió a coincidir con Mariano García Zalba, a la sazón subdirector de la misma entidad musical. Entre los jóvenes que pasaron por su magisterio sobresalió el tenor roncalés Julián Gayarre, a quien guio en sus primeros pasos musicales previos a su posterior proyección internacional. Años más tarde, en 1879, Maya fundó junto a Pablo Sarasate la Orquesta y Sociedad de Conciertos Santa Cecilia, contribuyendo con ella a la introducción de repertorio internacional y al desarrollo de los conciertos de San Fermín, que dirigió hasta 1898.
Su actividad docente se extendió también a la Escuela Normal de Maestros, donde ejerció como profesor de solfeo y canto desde 1881 y hasta su fallecimiento en 1926. Durante este periodo publicó su “Tratado de Solfeo” (1900) y, en paralelo, desarrolló también una intensa actividad participando activamente en múltiples eventos musicales de la ciudad. Así, dirigió en diversas ocasiones la orquesta del Teatro Principal, participó en la producción de óperas y zarzuelas, y colaboró activamente en la vida cultural del Casino Principal como pianista acompañante y como director de distintas agrupaciones.
En su faceta de compositor, la producción de Maya se centró fundamentalmente en la música religiosa de la que es exponente la obra “Vísperas de San Fermín”. No obstante, compuso también obras de género profano destinadas a las formaciones con las que trabajó y colaboró.
Como reconocimiento a su ya longeva trayectoria dedicada a la música y a la cultura, en 1919 fue nombrado académico correspondiente de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y, así mismo, vocal de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra. Tras su muerte, acaecida en 1926, su ciudad natal le rindió diversos homenajes y hoy en día el nombre de Joaquín Maya permanece en el callejero pamplonés junto al de otros músicos ilustres, como testimonio y tributo a una generación que contribuyó decisivamente a configurar la vida musical de la ciudad.
Carta mecanografiada de Manuel Zabala y Gallardo, secretario general de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, al secretario de la Comisión de Monumentos Históricos y Artísticos de Navarra, en la que se comunica el pésame por la muerte de Joaquín Maya.
Pamplona, 26 de abril de 1926
AGN, CMHAN,Caj.9,N.3-9

















